Perdonen que no me levante

7 septiembre, 2012

¿En qué puedo servirle, señor?

Angus puso las manos encima del mostrador de recepción y se inclinó hacia delante para ver bien la chapa que llevaba la chica en el chaleco rojo.
-Belinda -dijo, leyendo en voz alta.
La joven lo saludó con una sonrisa amable.
-Ésa soy yo. ¿En qué puedo servirle, señor?
-Deme una llave de la habitación siete-trece. ¡Ya!
La sonrisa amable de Belinda se esfumó cuando ésta comenzó a escribir en el teclado y a mirar el monitor que tenía enfrente.
-¿Es usted el señor Sánchez García? -inquirió.
-No, soy el tipo que debía haber ocupado esa habitación antes de que me la quitase ese cabrón de Sánchez.
-Pues en ese caso lo siento mucho, señor, pero no me permiten entregarle la llave.
Angus extrajo uno de los revólveres que llevaba dentro de la trinchera y apuntó a la cabeza de la recepcionista.
-Escúchame, putilla de mierda, acaban de atacarme como cien putos zombis recién salidos de las profundidades del desierto. Salidos de ninguna parte. Y si no me equivoco, intentaban devorarme vivo. A bastantes de ellos los he matado con esta puta pistola. -Agitó el arma delante de la cara de la recepcionista-. Y cuando me quedé sin balas maté a unos cuantos más con las putas manos. Ahora he recargado la pistola, y tengo que decirte que no estoy precisamente de humor para escuchar «Lo siento mucho, señor, pero soy tan tonta que no puedo entregarle la llave» de una tipa como tú. Así que ¿por qué no me das la puta llave, y así no fingiré que te he confundido con un puto zombi y no tendré que volarte la puta cabeza?
-¿Desea algo más, señor?
-Eso es todo.
-Un momento, por favor.
Belinda bajó la mano a su derecha y la introdujo en un cajón que había debajo de la mesa. Sacó una tarjeta llave y la depositó sobre el mostrador, delante de Angus.
-Esto es una puta tarjeta maestra, señor. Con esta puta tarjeta podrá entrar en cualquier puta habitación que se le antoje.
-Gracias. Ah, y a propósito, esos putos zombis se dirigen hacia este puto hotel. Te sugiero que los trates con algo menos de esa puta grosería con que me has tratado a mí. Y te convendría vigilar un poco esa puta forma de hablar que tienes. Es una costumbre poco atractiva en una chica joven.
-Lo tendré muy en cuenta, señor. Disfrute de su puta estancia.

El cementerio del diablo, Anónimo
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