Perdonen que no me levante

25 septiembre, 2012

Un par de medias

“—Me duele herir sus sentimientos —continuó ella—, porque es usted un hombre bueno y le aprecio. Además, siempre le estaré agradecida por lo bien que se ha portado con nosotros desde la muerte de mi difunto. Pero no puedo casarme con usted.
—¿Por qué no?
—Porque yo soy lo que suele llamarse una viuda inconsolable. Mi marido dejó un hueco en mi corazón que nadie podrá llenar. ¡Si usted supiera cómo me quería y con cuánta abnegación luchó para sacarnos adelante! Mientras otros al salir de su trabajo se iban a la taberna a beberse parte del jornal, mi difunto venía directamente a casa con todas las perras que le había proporcionado la chapuza. Jamás bebió ni me pegó, costumbres muy frecuentes en las familias tan humildes como la nuestra. Y hasta ahorraba en secreto durante todo el año, para hacerme un modestísimo regalo el día de mi santo: un año me regalaba una media de seda, al año siguiente la otra…”

Yo soy fulana de tal, de Álvaro de Laiglesia
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2 comentarios »

  1. Yo llego aquí pensando que es “un modestísimo regalo” y resulta que es medio-mentira: ¡son dos! :p

    Comentario por kiraya — 26 septiembre, 2012 @ 17:00 | Responder

  2. Es que el hombre era muy ‘enrollao’ 😉

    Comentario por ummo — 27 septiembre, 2012 @ 7:45 | Responder


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