Perdonen que no me levante

29 septiembre, 2012

Las mujeres eran como las botellas

“Gaudencia fue la que me aconsejó el viaje a Madrid, para exigir a Ignacio que reparase su marranada.
—Puesto que esa clase de diversiones no te gusta y lo tomas por la tremenda, es la única solución que te queda —me aseguró—. Si no tienes madera de golfa, es mejor que te largues. Porque aquí, con tu madre y la tendera en contra tuya, no tienes nada que hacer. Pronto sabrá todo el mundo lo que te ha pasado, y no podrás entrar a servir en ninguna casa de personas decentes. O que presuman de serlo, aunque en el fondo hayan hecho muchas más sinvergonzonerías que tú. Tampoco podrás echarte novio de los que se casan, porque todo el que se te arrime lo hará para abusar de ti pensando que eres facilona.
—¿Tú crees? —me asusté.
—Naturalmente. Las mujeres en España somos como las botellas: a los hombres les gusta echar un trago de una botella abierta por otro. Pero cuando compran una para llevársela a su casa, prefieren que esté sin abrir. Hazme caso y márchate a Madrid.”

Yo soy fulana de tal, de Álvaro de Laiglesia
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