Perdonen que no me levante

22 octubre, 2012

Por lo menos, no eres republicano

Filed under: Fahrenheit 451 — ummo @ 22:36
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“Woody siguió con la mirada a las dos chicas hasta que desaparecieron, luego la emprendió contra su hermano.
—¿Por qué no te has entretenido más besando a Diana? —preguntó de mal humor—. Parece muy agradable.
—No es mi tipo —respondió Chuck.
—¿En serio? —Woody estaba más perplejo que enfadado—. Tiene los pechos redonditos, la cara bonita… ¿Qué es lo que no te gusta? Yo la habría besado, si no hubiera estado con Joanne.
—Tenemos gustos diferentes.
Empezaron a caminar hacia casa de sus padres.
—Bueno, así, ¿cuál es tu tipo? —preguntó Woody a Chuck.
—Creo que hay una cosa que debería decirte antes de que sigas concertando más citas a dúo.
—Muy bien. ¿Qué es?
Chuck se detuvo, obligando a Woody a hacer lo propio.
—Tienes que prometerme que no se lo dirás nunca a papá ni a mamá.
—Te lo prometo. —Woody escrutó a su hermano bajo la luz amarillenta de las farolas—. ¿Cuál es ese gran secreto?
—No me gustan las chicas.
—Son un incordio, lo admito, pero qué se le va a hacer.
—Me refiero a que no me gusta abrazarlas ni besarlas.
—¿Qué dices? No seas estúpido.
—Todos somos diferentes, Woody.
—Sí, pero entonces tendrías que ser marica.
—Sí.
—¿Sí, qué?
—Que sí, que soy marica.
—Menudo bromista estás hecho.
—No es ninguna broma, Woody. Hablo muy en serio.
—¿Eres invertido?
—Exacto. No lo he elegido yo. Cuando de jovencitos empezamos a hacernos pajas, tú solías pensar en tetas gordas y en conejos peludos. Nunca te lo confesé, pero yo siempre pensaba en pollas grandes y tiesas.
—¡Chuck! ¡Eso es una asquerosidad!
—No, no es ninguna asquerosidad, algunos chicos somos así. Hay más de los que crees; sobre todo en la armada.
—¿En la armada hay maricas?
Chuck asintió con ímpetu.
—Muchos.
—Bueno… ¿cómo lo sabes?
—Solemos reconocernos, igual que los judíos siempre reconocen a los otros judíos. Por ejemplo, el camarero del restaurante chino.
—¿Él también lo es?
—¿No lo has oído decirme que le gustaba mi chaqueta?
—Sí, pero no se me había ocurrido pensar eso.
—Pues ahí lo tienes.
—¿Le has gustado?
—Creo que sí.
—¿Por qué?
—Probablemente, por el mismo motivo que le gusto a Diana. Soy más guapo que tú, diantre.
—Se me hace muy raro.
—Venga, vamos a casa.
Prosiguieron su camino. Woody seguía dándole vueltas al tema.
—¿Quieres decir que hay chinos maricas?
Chuck se echó a reír.
—¡Pues claro!
—No sé, nunca se me había ocurrido pensar eso de un chino.
—Recuerda, ni una palabra a nadie, y menos a nuestros padres. A saber qué diría papá.
Al cabo de un rato, Woody rodeó a Chuck por los hombros.
—Bueno, pues a la porra —dijo—. Por lo menos, no eres republicano.

El invierno del mundo, de Ken Follett
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1 comentario »

  1. Las negritas son mías 😉

    Comentario por ummo — 22 octubre, 2012 @ 22:46 | Responder


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